Hoy se me han ocurrido dos leyendas, ahora me toca desarrollarlas, a ver como queda la primera.
La flor espectacular.
Cuenta la leyenda que en un país muy lejano existía una planta que tenía varias peculiaridades.
Esta planta sólo florecía si la cuidaban manos masculinas, no se sabe porqué pero así era.
La planta era muy delicada, necesitaba mil cuidados y debían seguirse unas practicas de cultivo muy estrictas: horas de luz, abonado, riegos, poda, etc.
A cambio la planta daba lugar a una flor espectacular de un color puro que podría oscilar entre el blanco más inmaculado hasta el azul más oscuro imaginable, casi negro.
Pero esta planta no ponía las cosas fáciles, se necesitaban seis meses de intensos cuidados para que tuviera lugar la floración.
En este país, existía la costumbre de que cada hombre, al menos una vez en su vida, debía intentar lograr que floreciera la planta.
Muchos desistían al poco tiempo de iniciar el cultivo, puesto que no dejaba lugar a la dejadez, no es que hubiera que ser un experto cultivador, sólo era necesario estar atento a la planta y seguir sus señales de aviso: alguna hoja que empezaba a marchitarse y debía de ser cortada, si la planta perdía su turgencia debía ser regada de inmediato, si algún insecto se veía revoloteando debía ser eliminado, debía protegerse del frío, del calor excesivo, de vez en cuando sacarla al exterior para que se empapase de luz, y así un largo etcétera de pequeños cuidados.
La mayoría de estas plantas no llegaban nunca a florecer, al iniciar los cuidados enseguida se notaba que la planta se volvía más lozana, más verde, pero al cesar los cuidados o verse reducidos la planta se mantenía viva, como una planta cualquiera y así podría mantenerse años y años.
En algunos casos, tras seis meses de cuidados intensos, si había sido bien cultivada la planta florecía como ya se ha comentado, durante una semana la flor lucía espléndida, fragante, y era el orgullo de el que la había cultivado.
Sin embargo, pasada la semana, la flor se desprendía y el que con tanto esmero la había cultivado, cesaba en su intensidad y la planta nunca más florecía, se mantenía viva simplemente.
Algunos mantuvieron los cuidados con la misma intensidad seis meses más, esperando que volviera a florecer, pero la planta no lo hacía y la dejaban a su suerte manteniéndola como una más.
Cuenta la leyenda que alguien, tras la primera floración la siguió cuidando con esmero, pasaron seis meses y la planta no floreció, pero aún así siguió manteniendo los cuidados y aumentándolos más si cabe, siempre atento a los pequeños cambios, viendo la evolución y actuando en consecuencia.
Pasados doce meses de la floración inicial, la planta floreció mucho más espectacularmente que la primera vez, la flor era impresionante con unos pétalos tan delicados que parecía que de un soplo iban a caerse, el color de la flor era intenso, vivo, su aroma era sutil y persistente, al aspirar su olor permanecía en el recuerdo durante horas y horas.
La flor mantuvo su belleza durante un mes entero, tras el cual se marchitó y la planta volvió a ser la que siempre fue.
Sin embargo este hombre siguó cultivándola con el mismo esmero que el primer día, y así pasaron seis meses, doce meses, dieciocho meses, y la planta seguía sin florecer, pero no le importaba, le gustaba cuidarla y así lo haría aunque nunca más diera flores.
Pasados veinticuatro meses un día de repente la planta comenzó a dar flores, no era una sola, fueron varias, cinco o seis, siempre del mismo color, pero de tonos distintos, y así permanecieron una semana, y tras caerse las flores volvían a surgir otras, de otro color, y siempre fragantes y delicadas y así semana tras semana.
Dice la leyenda que el hombre que cultivó la planta nunca dejó de hacerlo, dicen que la planta nunca dejó de dar flores y cuando el hombre murió la transplantaron al cementerio, justo encima de la tumba donde yacía.
En el aniversario de su muerte la planta florece intensamente y los pétalos de sus flores se llenan de gotas de agua, hay quien dice que es por el rocío.
Para tí (y acentúo)
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Escribo sin mayores pretensiones, las cartas van dirigidas a una mujer real, las musas etéreas dejémoslas a otros.
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