Ella en el trabajo

05.03.06

Permalink 23:04:56, Categories: 19.- Ella y Él  

Ella en el trabajo

María saludó al conserje con un buenos días Jaime que sonó muy cálido en aquella fría mañana, el hombre agradeció el afectuoso saludo y tras devolvérselo le entregó un par de sobres de un color sepia; ella siempre pensó que los sobres deberían ser de colores, para que al verlos se supiera el carácter de su contenido y abrirlos en el momento oportuno, estos dos sobres de color sepia no decían nada, pero se imaginó que serían unos protocolos de actuación que había solicitado.

Mientras esperaba al ascensor para subir a la tercera planta del edificio donde estaba su oficina pensó en los sobres de colores y que le encantaría mandar cartas de color rosa chicle, sonrió al imaginarse a un posible receptor de la carta ocultándola al final del montón para que nadie le preguntara: ¿Oye, y esa carta rosa?, cuenta, cuenta. Le gustó la idea, la próxima carta que mandara la haría con un sobre de color rosa.

Llegó a la tercera planta, no se encontró a nadie en el ascensor con quien cruzar un par de frases para romper el forzoso silencio, mejor.

El ascensor daba paso a un distribuidor con tres pasillos, ella se dirigió al pasillo que tenía enfrente, su despacho estaba al final del pasillo. En esa planta, dedicada a los directivos, todos ellos tenían despachos clásicos con cuatro paredes, nada de espacios comunes separados por paneles. En su despacho tenía un gran ventanal que daba a un pequeño jardín, más bien testimonial, para romper la frialdad del asfalto.

Al pasar por su pasillo vio las puertas en todos sus estados, algunas cerradas por completo y otras abiertas de forma franca, entre ellas la de su amiga Carmen, era la secretaria de dirección, la saludó con un Hola Carmen que sonó luminoso y radiante, María tenía mil matices en su voz que si se escuchaban bien la podían definir a cada instante.

Carmen le devolvió el saludo con una sonrisa mientras con la cabeza hizo un gesto señalando al despacho de al lado donde estaba el gerente torciendo el gesto para indicarle el humor que ese día traía hoy el gerente.

María le dijo un hasta luego con la mano y se fue hacia su despacho, abrió la puerta y se vió invadida por el aroma perfumado de la reciente limpieza, no era desagradable, pero hubiera preferido algún aroma vegetal, se imaginó flores mientras sonaba el teléfono de su despacho.

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Palabras Perdidas

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Escribo sin mayores pretensiones, las cartas van dirigidas a una mujer real, las musas etéreas dejémoslas a otros.
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