Tras unos segundos mirando por la ventana María se sentó y abrío los dos sobres color sepia que le había entregado el conserje, eran los esperados protocolos de calidad que había solicitado a uno de sus proveedores.
Siguió pensando en su relación con Pedro, pensó si tal vez ella pedía demasiado, estaba convencida de que él la quería, pero para ella la forma de querer que Pedro tenía no era la que ella hubiera deseado.
Pensaba en qué era lo que había cambiado para que ya no sintiera lo mismo por él y se iba dando cuenta de que era ella la que había visto a Pedro de una forma demasiado idílica al principio. Ahora se encontraba en una encrucijada, sentía una especie de agobio, de asfixia, deseaba tiempo para pensar, para meditar acerca de lo que quería para ella, en cómo sería su futuro.
Y no podía librarse de los comentarios de su entorno, la pareja ideal le decían cuando los veían juntos, qué sabría la gente lo que era una pareja ideal, esa frase se le clavaba como un puñal y no podía más que sonreir forzadamente cuando alguien le hacía el comentario.
Muchas veces no sabía si pensaba por ella o por los demás, siempre le importó demasiado la opinión de su entorno y el temor a defraudarlos, nunca lo había hecho, siempre logró todo lo que se propuso.
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Escribo sin mayores pretensiones, las cartas van dirigidas a una mujer real, las musas etéreas dejémoslas a otros.
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