Supongo que algo parecido ya habrá sido escrito por algún sitio, casi todas las ideas básicas ya están desarrolladas, sólo cambian los detalles y los matices.
Bueno, allá va la pequeña historia.
Dicen que hace muchos siglos un escultor quiso realizar la más bella estatua de una mujer de cuerpo entero y de tamaño real.
Para ello buscó a la mujer más hermosa de su ciudad y alrededores hasta que la encontró. La joven aceptó trabajar como modelo para la estatua, así que el escultor cogio un inmenso bloque de mármol, de la mejor calidad y con el blanco más deslumbrante y se puso a tallarlo.
La modelo posaba con una túnica blanca que la volvía muy insinuante.
El trabajo comenzó bien, los primeros días avanzaba a buen ritmo y el bloque de mármol iba tomando forma.
Sin embargo, al intentar plasmar la suavidad y sensualidad del cuerpo de la joven no lo conseguía.
Pasaron muchos días sin que hubiera progresos. Un día, mientras estaba trabajando con la modelo delante de repente le dijo: "espérame que tengo que salir, en un rato vuelvo", y se dirigió a un templo cercano.
Pidió a los dioses ayuda para conseguir acabar la estatua, hizo una ofrenda y volvió a su taller a proseguir su trabajo.
Al llegar se encontró a la mujer que le servía de modelo convertida en estatua, en la más bella estatuta que jamás hubiera hecho o hubiera visto.
Su trabajo fue admirado y reconocido durante toda su vida, sin embargo no vendió la estatua a pesar de importantes ofertas. Decidió colocar la estatua en el temlo al que había acudido y allí la dejó.
Nunca más hizo una escultura a pesar de los muchos encargos que recibió.
Durante los siglos posteriores la estatua fue decorando palacios y mansiones de reyes, nobles y hombres de dinero y poder.
Estuvo en un palacio de Roma, en un templo de Florencia, en un castillo en Suiza, la estatutua viajó por mar hasta Londres, donde estuvo en una imponente mansión y finalmente fue a parar a un castillo francés que servía a su vez de museo porque albergaba muchas otras obras de arte
y piezas antiguas.
Con el paso del tiempo la estatua fue perdiendo su lustre, y el marmol, de un blanco purísimo, pasó a un blanco menos llamativo.
El castillo recibía la visita de muchas personas en el verano, época en la que permanecían abiertas al público buena parte de las dependencias.
La estatua estaba en una sala poco visitada, había otras mucho más concurridas donde había famosos cuadros, colecciones de armas, algunas de ellas utilizadas en duelos de reconocidos personajes.
También había salas que se mantenían con el mismo mobiliario que había sido utilizado por reyes y nobles.
Un caluroso día de verano, a última hora de la mañana acudió al museo un hombre, estaba alojado en una ciudad cercana y se decidió a ir al castillo museo, pues era una visita imprescindible. Pasó de forma rápida por las salas más habituales, no le decían nada, nada le llamó la atención, pero cuando llegó a la sala de la estatua, en la que no había nadie en ella, sólo el y la mujer de mármol, se quedo mirando a la estatua, la miró de una forma especial.
Nunca había visto nada comparable, a pesar de su aspecto poco lustroso, casi podía sentir a la mujer que había inspirado esa obra, como si supiera que alguna vez había estado viva.
Se acercó hasta casi rozarla y de repente la estatua le tendió la mano, en un segundo el mármol desgastado se había convertido en una mujer de carne y hueso.
Lo más curioso es que no se extrañó, como si lo estuviera esperando, como si supiera que la estatua fuera a cobrar vida.
Le cogió la mano y salieron caminando tranquilamente de la sala.
El guardia de la puerta de salida del castillo no se extrañó. La túnica blanca era un atuendo raro, pero estamos en un mundo de modas curiosas pensó para sí el vigilante.
Dicen que en ese momento hubo un terremoto en la zona donde estaba enterrado el escultor, zona sísmica decían que era.
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Escribo sin mayores pretensiones, las cartas van dirigidas a una mujer real, las musas etéreas dejémoslas a otros.
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